Cuentos semanasanteros. LA PARELLA DEL CRISTO. (I PARTE)

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El Pare Lluis dejó unos momentos la Iglesia en donde monaguillos y servidores trabajan sin tregua preparando los Oficios de la Semana Santa, y pausadamente, como le permitían sus ya cansadas piernas, se dirigió a casa de Sento el de Cona.

Era la mejor hora para verle en casa. A las doce habría dejado su astillero de la playa y era seguro encontrarle sentado a la mesa. Podría así, como deseaba, hablar con él extensamente.

Así fue. A la mesa estaban cuando llegó el buen cura.

-¡Alabado sea Dios que los santos entran hoy en mi casa; exclamó Teresa. ¡Hoy es para nosotros día de Gloria!

Agradeció el cura aquellas palabras con su dulce sonrisita de siempre, les dio la bendición y expuso el motivo de su inesperada visita.

Quería regañar a Sento por su conducta para con la Iglesia. Desde hace tres años había abandonado el puesto que de toda la vida tuvo entre los hombres que consideraban gran honor llevar a hombros por las calles del Cabañal el Santo Sepulcro en la Procesión del Entierro. Y esa conducta no podía seguir más tiempo. Allí estaba él para pedirle que volviera a su puesto el próximo viernes. ¿Qué motivos podían existir para esa deserción ante cosa tan sagrada?

Sento bajó su cabeza de atleta un tanto avergonzado. Pero Teresa, su mujer, intervino queriendo disculpar o justificar la conducta del esposo.

El Pare Lluís no conocía la serie de disgustos que habían tenido los dos hermanos, primero con motivo de la herencia y después cuando llegaron, contra la voluntad de éste, a partir la casa y a separar las dos barcas de la pareja del bou.

Pero al buen sacerdote no convencieron aquellas explicaciones. No veía en ellas motivo bastante a justificar tal conducta; si no, ya podían ver como el hermano Carmelet, no obstante lo ocurrido, seguía acudiendo sin interrupción, año tras año, y llevando como tenía por costumbre a sus hombros por las calles del Cabañal el Sepulcro. ¡Aquélla era una conducta plausible!

Otra vez intervino Teresa justificativa. Por eso mismo, porque su hermano iba, es por lo que Sento había dejado de hacerlo, porque no quería encontrarse con él.

El rostro del santo sacerdote pareció tomar un tinte rojizo de indignación ante aquellas palabras. ¿De manera, que aún ante las cosas más sagradas no deponían las actitudes de rencor y de odio? ¡Les iba a castigar el cielo si continuaban por ese camino! Y después reflexivo y conciliador quiso indagar la intensidad del odio que se profesaban los dos hermanos para intentar reducir distancias. Y como siempre, cuando de señalar caminos de concordia se trataba, el buen Pare Lluís tomaba en su ayuda las palabras del Evangelio que pronunciaba con verdadera unción santa, capaz de llevar la persuasión al espíritu de quien le escuchara.

-Aquella lucha entre los dos hermanos había de terminar, y pronto. “No ojo por ojo y diente por diente, sino al contrario, no hacer resistencia al agravio y si alguien te hiere en la mejilla derecha, vuélvele también la izquierda”.

Sento se resistía a ser convencido por las dulces palabras del cura. Este no sabía los males que les había causado y, sobre todo, los que les había querido causar.

Pero no eran estos argumentos capaces de hacer retroceder al Pare Lluís en su misión pacificadora. Lo dijo Jesús: “Amad a vuestros mismos enemigos, haced bien a los que os aborrezcan y orad por los que os persiguen y calumnian”. Esas eran las palabras de un Hombre que había padecido mucho más que ellos, en aquellos conflictos familiares. Además ¿estaba Sento seguro de no haber producido algún daño también a Carmelet? Entonces ¿con qué cara se ponía a mirar la paja en ojo ajeno y no reparaba en la que podía en el suyo? Tenía la evidencia de que Sento, sin torpes miramientos de esta clase, le complacería acudiendo el viernes a cargar, como otros años, a sus espaldas de hombre robusto, conduciéndolo en procesión el Sepulcro de Cristo.

-Tú eres bueno, Sento, muy bueno, “y un árbol bueno, no puede dar malos frutos”.

Y el Pare Lluís salió de aquella casa seguro de que había de dar su fruto, la semilla evangélica que de todo corazón había sembrado.

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Saluda del presidente de la corporación de Longinos

Hermanos en cristo,

Desde la corporación de Longinos, abrimos una ventana más de comunicación hacia los amantes de nuestra querida Semana Santa Marinera de Valencia.

Creamos un blog que es de todos y para todos, lleno de contenidos culturales, informativos, y que promueve nuestra fe en cristo.

Una ventana que intentará captar la mirada de todo amante de la cultura y de la semana santa en el mundo y en especial de la nuestra de la marinera.

Así pues empecemos este bello recorrido esta vez no cerca del mar, sino al lado de nuestros  amigos blogueros,