EL SEPTIMO ARTE por D. José Luís Barrera.

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12 años de esclavitud (EEUU, 2013) de Steve McQueen.

Una lacra de la Historia de la Humanidad

Drama. Adolescentes, jóvenes y adultos.

La esclavitud fue abolida en 1865 en Estados Unidos; en otros países la fecha es más tardía. Esta lacra de la humanidad que desapareció relativamente muy tarde con respecto al avance de amplias libertades que hoy tenemos, provoca hoy en nosotros vergüenza, dolor. En la reciente película biográfica “Lincoln”, se nos recordaba cómo la moción del presidente Abraham Lincoln salió adelante por dos votos únicamente y parece ser que éstos estaban comprados.

Grandes lacras del comportamiento humano (la Inquisición, el holocausto, el racismo, la esclavitud) han sido diseccionadas y tratadas con profundidad por la historiografía y en la literatura. El cine y la televisión también. Sobre la Inquisición podemos recordar el tratamiento que la recientísima y muy digna serie española “Isabel” ha hecho  del origen en España de esta terrible institución. Sobre el holocausto, la cosecha de películas es abundantísima;  bastan dos muestras: “La lista de Schindler”, de Steven Spielberg y “El pianista” de Román Polanski, ambas dirigidas por dos directores judíos que en las carnes de sus familias sufrieron tales tragedias.

Sin embargo en la filmografía sobre la esclavitud no hay una película redonda, definitiva, de referencia. Recuerdo la tremenda impresión que me produjo la lectura de “La cabaña del tío Tom” o la fama de Kunta-Kinte, el esclavo que protagonizaba una serie en los principios de la televisión en España. Quentin Tarantino, cineasta que aborrezco, en su último filme (“Django desencadenado”) retrata acertadamente este espinosísimo asunto.

Así pues, “12 años de esclavitud” de Steve McQueen (no confundirlo con el actor que murió ya hace muchos años) es una película que va ser un filme referente dentro de la temática esclavista. La película nos cuenta la historia de Solomon Northup, un músico negro y hombre libre que vivía en el estado de Nueva York y que fue secuestrado y vendido como esclavo. Después de terribles vicisitudes, recuperaría su libertad 12 años después. Basada pues en la historia de un hombre que después de sufrir la esclavitud, escribió un libro autobiográfico que en su época tuvo un gran éxito.

El espectador debe prepararse pues para ver una historia contada con (excesivo) realismo. No se nos ahorran escenas muy crudas de personajes crueles y sanguinarios, torturas, latigazos y ahorcamientos. Se podría haber aliviado la película con elipsis de algunas escenas. Pero eso tampoco supo hacerlo Mel Gibson con su sanguinaria “Pasión“. Ese hiperrealismo, para mí, lastra un poco a la película.

12 años de esclavitud“está técnica y artísticamente muy bien realizado. Combina las escenas tenebrosas de sufrimiento con la poética de las canciones “gospell” usándolas como réplica a la maldad que se representa. Igualmente se apunta el poder de la sexualidad en las motivaciones de sus  personajes y las enormes contradicciones de sus creencias cristianas con las actuaciones de los explotadores. Los actores están perfectos.  Fasbinder, actor favorito de set director, está inconmensurable en el papel del sádico esclavista, Brad Pitt, como estrella y productor se reserva el papel más positivo.

Dos secuencias que a mí parecen maravillosas: el momento en que infligen castigo al protagonista, y a punto de ser ahorcado, lo dejan colgando de la cuerda, tocando levemente el suelo. La cámara quieta y fija general nos muestra los esfuerzos del esclavo por salvarse a la vez que han el fondo los distintos personajes van apareciendo como fantasmas que tienen por fuerza que ser indiferentes a dicha tortura. O la secuencia el intento de fuga que acaba frustrado al encontrarse con el grupo de blancos que están ahorcando a los esclavos.

José Luis Barrera, 18/12/13

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TRIVIAL SEMANASANTERO

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¿En qué Hermandad tiene su origen la Semana Santa Marinera de Valencia?

A. Corporación de Granaderos.

B. Concordia dels disciplinats.

C. Concordia de sayones.

D. Hermandad del Stmo. Cristo de la Concordia.

Dejar vuestro comentario de cual es la opción correcta.Dentro de unos días daremos la solución. 🙂

Cuentos semanasanteros. LA PARELLA DEL CRISTO. (I PARTE)

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El Pare Lluis dejó unos momentos la Iglesia en donde monaguillos y servidores trabajan sin tregua preparando los Oficios de la Semana Santa, y pausadamente, como le permitían sus ya cansadas piernas, se dirigió a casa de Sento el de Cona.

Era la mejor hora para verle en casa. A las doce habría dejado su astillero de la playa y era seguro encontrarle sentado a la mesa. Podría así, como deseaba, hablar con él extensamente.

Así fue. A la mesa estaban cuando llegó el buen cura.

-¡Alabado sea Dios que los santos entran hoy en mi casa; exclamó Teresa. ¡Hoy es para nosotros día de Gloria!

Agradeció el cura aquellas palabras con su dulce sonrisita de siempre, les dio la bendición y expuso el motivo de su inesperada visita.

Quería regañar a Sento por su conducta para con la Iglesia. Desde hace tres años había abandonado el puesto que de toda la vida tuvo entre los hombres que consideraban gran honor llevar a hombros por las calles del Cabañal el Santo Sepulcro en la Procesión del Entierro. Y esa conducta no podía seguir más tiempo. Allí estaba él para pedirle que volviera a su puesto el próximo viernes. ¿Qué motivos podían existir para esa deserción ante cosa tan sagrada?

Sento bajó su cabeza de atleta un tanto avergonzado. Pero Teresa, su mujer, intervino queriendo disculpar o justificar la conducta del esposo.

El Pare Lluís no conocía la serie de disgustos que habían tenido los dos hermanos, primero con motivo de la herencia y después cuando llegaron, contra la voluntad de éste, a partir la casa y a separar las dos barcas de la pareja del bou.

Pero al buen sacerdote no convencieron aquellas explicaciones. No veía en ellas motivo bastante a justificar tal conducta; si no, ya podían ver como el hermano Carmelet, no obstante lo ocurrido, seguía acudiendo sin interrupción, año tras año, y llevando como tenía por costumbre a sus hombros por las calles del Cabañal el Sepulcro. ¡Aquélla era una conducta plausible!

Otra vez intervino Teresa justificativa. Por eso mismo, porque su hermano iba, es por lo que Sento había dejado de hacerlo, porque no quería encontrarse con él.

El rostro del santo sacerdote pareció tomar un tinte rojizo de indignación ante aquellas palabras. ¿De manera, que aún ante las cosas más sagradas no deponían las actitudes de rencor y de odio? ¡Les iba a castigar el cielo si continuaban por ese camino! Y después reflexivo y conciliador quiso indagar la intensidad del odio que se profesaban los dos hermanos para intentar reducir distancias. Y como siempre, cuando de señalar caminos de concordia se trataba, el buen Pare Lluís tomaba en su ayuda las palabras del Evangelio que pronunciaba con verdadera unción santa, capaz de llevar la persuasión al espíritu de quien le escuchara.

-Aquella lucha entre los dos hermanos había de terminar, y pronto. “No ojo por ojo y diente por diente, sino al contrario, no hacer resistencia al agravio y si alguien te hiere en la mejilla derecha, vuélvele también la izquierda”.

Sento se resistía a ser convencido por las dulces palabras del cura. Este no sabía los males que les había causado y, sobre todo, los que les había querido causar.

Pero no eran estos argumentos capaces de hacer retroceder al Pare Lluís en su misión pacificadora. Lo dijo Jesús: “Amad a vuestros mismos enemigos, haced bien a los que os aborrezcan y orad por los que os persiguen y calumnian”. Esas eran las palabras de un Hombre que había padecido mucho más que ellos, en aquellos conflictos familiares. Además ¿estaba Sento seguro de no haber producido algún daño también a Carmelet? Entonces ¿con qué cara se ponía a mirar la paja en ojo ajeno y no reparaba en la que podía en el suyo? Tenía la evidencia de que Sento, sin torpes miramientos de esta clase, le complacería acudiendo el viernes a cargar, como otros años, a sus espaldas de hombre robusto, conduciéndolo en procesión el Sepulcro de Cristo.

-Tú eres bueno, Sento, muy bueno, “y un árbol bueno, no puede dar malos frutos”.

Y el Pare Lluís salió de aquella casa seguro de que había de dar su fruto, la semilla evangélica que de todo corazón había sembrado.